Gracias a todos los que le dan sentido a este blog y que lo han hecho un sitio para compartir tantas cosas.
En unas semanas vamos a festejar este aniversario con un recital-tributo a Silvio Rodríguez, dentro de poco les cuento los detalles.
Mientras, quiero hacerles dos regalos. El primero es la fotografía del mismísimo trovador de barro negro, es decir, la figurilla de barro en la que está inspirada la canción. En los comentarios a la entrada sobre Silvio Rodríguez y México, Eduardo "El Viejo Escaramujo" señaló que la figurilla se la había regalado a Silvio una amiga mexicana, aunque tiempo después Silvio aclaró que la compró él mismo en un mercado de artesanías en Oaxaca. La fotografía me la compartió mi querido amigo Johan Misler, "El Juglar Rojo", a quien le agradezco el aporte.
El segundo regalo es una versión "casera" de "El trovador de barro negro". La interpretación pertenece a un recital muy hogareño que Silvio ofreció a sus amigos en Cuba, allá por 1980, presumiblemente en su casa, aunque nunca he podido confirmar la versión. También les comparto la versión de estudio que pertenece al Descartes, 1998.
Un abrazo para todos.
1. El trovador de barro negro, versión inédita.
2. El trovador de barro negro, Descartes, 1998.
En el pabellón de mis juguetes,
un pequeño trovador de barro negro
su laúd ataca.
A veces no sé dónde se mete.
Se hace amigo de las noches, de los perros,
de la caminata.
Pero por saberse preferido vuelve a mí,
con mañana y sol o con alba gris.
Vuelve de las sombras de un secreto que no sé.
Vuelve de un quizás, vuelve de un tal vez.
Y para mí tañe el laúd
con melodía que parece azul.
Y para mi cuenta su viaje
y la canción se estrena un traje.
Y para mí tañe el laúd
precipitándolo como un alud.
Sospecho que su melodía
llega de amar la poesía.
Suena su versión desesperada,
su versión de los misterios que lo animan,
su versión del alma.
Su canción de amor bate las alas.
Su país o su emoción llega y camina,
su ilusión desarma.
Y una vez que acaba la canción queda esperar
que vuelva a partir, que vuelva a llegar.
Así me sorprende a ratos el amanecer,
soñando que aún siempre va a volver.

